La intolerancia a la lactosa es la principal barrera percibida para el consumo de lácteos en Chile, especialmente entre las mujeres adultas, según un estudio de investigadores del Comité Científico de Lácteos, apoyado por el programa Gracias a la Leche del Consorcio Lechero. En nuestro país, esta condición podría afectar hasta un 50% de la población, aunque existen alternativas lácteas naturales y procesadas sin lactosa o bajas en lactosa, entre ellas quesos, yogures, leches y lácteos fermentados.
Las cifras del estudio —que recopiló datos de más de dos mil personas en todo el territorio nacional— mostraron que un 48% de las mujeres adultas encuestadas señaló la intolerancia a la lactosa como su principal barrera percibida para el consumo de lácteos, versus el 36% de los hombres. Sin embargo, este dato debe leerse con atención: la prevalencia de consumo de leche en mujeres se sitúa en torno al 78%, lo que indica que la mayoría sí mantiene la ingesta. La intolerancia opera, por tanto, como una barrera percibida —muchas veces no diagnosticada médicamente— y no como un cese masivo del consumo.
«La leche es uno de los alimentos más ricos en términos de nutrientes y que tiene una gran cantidad de beneficios en relación al bajo costo del producto. Es un alimento de precio relativamente accesible, pero de calidad nutricional muy alta. El problema es que la gente está dejando de consumir un alimento muy valioso debido a una percepción, muchas veces no diagnosticada médicamente», señaló el Dr. Andrés Bustamante, académico del Departamento de Nutrición de la Universidad de Chile.
La leche aporta energía y diversos nutrientes, entre los que destacan proteínas de alto valor biológico; minerales como calcio, fósforo, magnesio, potasio, zinc y selenio; y vitaminas A, D, B1, B2, B3, B6 y B12. Las Guías Alimentarias para Chile recomiendan mantener tres porciones diarias de lácteos, meta que grupos prioritarios —niños, mujeres embarazadas y adultos mayores— podrían no estar alcanzando.
La ausencia de lactasa
La intolerancia a la lactosa se produce principalmente porque esta no es digerida a la velocidad suficiente por el organismo. «La lactosa es un disacárido formado por glucosa y galactosa. Lo usual es que tengamos una enzima llamada lactasa, ubicada en el epitelio del intestino delgado, con la capacidad de romperla. La intolerancia se produce cuando nos falta esa enzima», explicó Bustamante.
Sin lactasa, la lactosa sigue su tránsito hacia el intestino grueso, donde fermenta por efecto de la microbiota intestinal, causando distensión abdominal, diarrea y flatulencias. Todos los seres humanos nacen con lactasa activa al cien por ciento —la leche materna contiene un 7% de lactosa, casi un 40% más que la leche de vaca—, pero su actividad disminuye naturalmente a partir del primer año de vida. «A medida que envejecemos, también baja la cantidad de enzimas disponibles», precisó el especialista.
Se estima que los humanos pueden tolerar hasta diez a doce gramos de lactosa diarios sin manifestar síntomas relevantes. Pese a esto, la comunidad científica local está preocupada por el autodiagnóstico. «Vemos dos fenómenos: uno, que hay mucho autodiagnóstico; ante cualquier malestar digestivo lo asocian a intolerancia a la lactosa, cuando podría haber otras causas. Y lo segundo, que esto ha derivado en una explosión de alternativas sin o bajas en lactosa», advirtió Bustamante. Esta excepción importa, porque las versiones sin lactosa producen un leve aumento en la respuesta glicémica, lo que hace más relevante confirmar el diagnóstico médicamente.
La condición tampoco se distribuye equitativamente a nivel mundial: en Finlandia su prevalencia es menor al 5%; en países europeos como Alemania y Dinamarca, cercana al 15%; y en Asia central supera el 90%. Se estima que dos tercios de la población mundial la padece, cifra que en América Latina podría superar el 50%.
Un problema de percepción
Las brechas de desinformación también están afectando la percepción de los consumidores. La creencia de que la leche es perjudicial para la salud fue compartida por un 13% de las mujeres encuestadas, cifra que sube al 17% entre quienes no la consumen. Otros motivos declarados fueron el sabor (18% indicó no gustarle) y la preferencia por obtener nutrientes de otros alimentos. Un 6% de quienes abandonaron los lácteos lo hizo por seguir una dieta vegana, sin datos sobre si recurren a suplementación para compensar déficits nutricionales.
Un 8% de las mujeres señaló el acné como razón para no consumirlos, aunque la evidencia científica actual solo respalda una asociación —no una relación de causalidad directa— entre lácteos y esta condición. Frente a este escenario, el Dr. Bustamante llamó a informarse sobre las alternativas bajas o naturalmente sin lactosa disponibles en el mercado, a fin de no renunciar a los beneficios nutricionales de los lácteos.
Una postura que comparte el Dr. Rodrigo Valenzuela, editor principal del libro Lácteos Nutrición y Salud (2020), elaborado por más de 50 científicos chilenos y extranjeros: «Los lácteos han demostrado tener efectos beneficiosos para la salud desde el embarazo hasta las edades más avanzadas, en la prevención y/o tratamiento de enfermedades crónicas como obesidad, enfermedades cardiovasculares, diabetes, hipertensión arterial y determinados tipos de cáncer».



